"Si nosotros gobernáramos, todos temblarían" (Epilépticos Anónimos)

viernes, 9 de diciembre de 2011

Epilepsia en ancianos

Cuando una persona mayor con más de sesenta, setenta u ochenta años experimenta sensaciones extrañas (pérdidas de consciencia, confusión, ataques), posiblemente se achacan a problemas mentales y físicos asociados al envejecimiento. Pero puede ser que formen parte del
grupo de personas de edad avanzada que sufren epilepsia.
Durante mucho tiempo, la epilepsia se ha considerado como una enfermedad que afecta a gente joven, que suele comenzar en la infancia y que a veces dura toda la vida. Pero ahora se sabe que puede afectar a cualquiera y a cualquier edad. De hecho, según las estadísticas, se puede comprobar que es igual de frecuente la aparición de esta enfermedad a partir de los sesenta, setenta u ochenta años que durante los primeros diez años de vida.
Las personas mayores tienen una serie de condiciones que las predisponen a padecer crisis convulsivas, por lo tanto su etiología es distinta a grupos de personas más jóvenes:

  • Cerca del 50% de las epilepsias en ancianos se explican por enfermedades cerebrovasculares.
  • Los portadores de Alzheimer tienen 10 veces más posibilidades de desarrollar una epilepsia y junto con otras demencias explican el 20% de las epilepsias en esta población.
  • El traumatismo asociado a las caídas explicaría otro 20% de las epilepsias.
  • Los tumores del SNC explicarían el 10% restante de los casos.

La epilepsia en una persona mayor es difícil de diagnosticar, sin embargo existen algunas pistas clínicas que nos pueden ayudar a sospechar:

  • Confusión, cambios de comportamiento o falta de respuesta en ausencia de pérdida del control postural.
  • Pérdida o deterioro de la consciencia.
  • Movimientos involuntarios, tirones musculares o problemas de sensibilidad en las extremidades o cara sin pérdida de la consciencia.
  • Episodios recurrentes de problemas serios para dormir.
  • Caídas a repetición que la persona no recuerda.
El Electroencefalograma es de limitada utilidad en personas mayores (baja sensibilidad y especificidad como prueba diagnóstica), por lo que no se debería usar para apoyar o descartar la epilepsia.
Con respecto al tratamiento, los fármacos deben adecuarse a los cambios asociados al envejecimiento. En los últimos años, los expertos han adquirido más información y experiencia en el tratamiento de las convulsiones en los ancianos, viendo que las manifestaciones clínicas y las respuestas a la terapia en esta población no son las mismas que en sujetos más jóvenes. Lo que se atribuye, en parte, a las drogas antiepilépticas (DAE).
Se recomienda el empleo del gabapentín en los ancianos, debido a la ausencia de interacciones farmacológicas. Los ancianos experimentan efectos adversos con niveles de drogas que no son considerados elevados en otros grupos. Las razones de esta mayor susceptibilidad incluyen la presencia de enfermedades asociadas y los cambios en la composición y fisiología de los órganos encargados de la eliminación de los fármacos. El empleo de diuréticos y carbamazepina aumenta el riesgo de hiponatremia. Otros efectos adversos asociados con las DAE incluyen hepatotoxicidad, bradicardia, taquicardia e insuficiencia cardíaca.
Es importante recordar la importancia que tiene una buena evaluación por parte de un médico especializado en el tema y en la atención de personas mayores.

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